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Noche disco. Los tíos más guapos, las tías más escotadas. Bailan, frotan, chupan alcohol, convierten la piel ajena en propia, se contonean. Braguetas inflamadas, minis más cortas que bragas…Cualquiera imagina: qué será de este frenesí en privado.
Pero la realidad no llega ni a los talones de nuestra fantasía: la mayoría de esos cuerpos jóvenes y vibrantes prefiere, hoy en día, no hacer el amor o hacerlo a solas. Dicho en buen romance: la puñeta.
Es un buen indicio de libertad o el fenómeno da cuenta de que algo pasa -o no pasa-entre los jóvenes? Como fuera, tomemos lo primero: hacérsela. La pregunta que sigue es: ¿con culpa o sin ella?
Del gozo a la ausencia. De la pasión al desencanto. Por fin, desde jóvenes, las mujeres ganan ese espacio. Hacérsela, ni a ellos ni a ellas hoy les despierta ninguna culpa, ni los enfrenta con vetustos fantasmas. Bienvenida soledad.
¿Es masturbarse el eslabón final de una cadena de miedos subyacentes? El sida, el compromiso, la intimidad, el pánico a enamorarse, ("caer" enamorados). Mejor inflamar la fantasía que el profiláctico.
¿es esto real?¿No sienten, al acabar solas, que al pico de lujuria sucede un pico de soledad? ¿No les aparece en medio del placer la cosquilla de la culpa? Y los muchachos, tradicionalmente expertos en el tema, ¿están exentos de autoreproches? Como fuera, e independientemente de esta gilipollada intelectualtoloide , los cierto es que usar la mano, la soledad, el reconocimiento del cuerpo y sus emociones, es de hecho la mejor escuela para conocer el placer. "A medida que me toco conozco mejor mi cuerpo y aprendo qué, cómo, me gusta acariciarlo". Masters y Johnson te pondrían un sobresaliente, niña.


Con las manos en el cuerpo
“Cada nueva masturbación nos encuentra más preparadas para aceptarla en toda su voluptuosidad. Esa voluptuosidad de nuestro mundo privado que, a menudo, no nos atrevemos a compartir ni con aquel con quien tan bien follamos.”
¿Qué tiene la propia mano que no tenga la del otro? Fácil: que en el extremo del nervio sensible está nuestro propio cerebro, listo par detectar sutilezas y comandar la maniobra más oportuna. ¿Cómo compartir tamaña sabiduría? ¿Te atreverías a abrir esa puerta y hacer gala de tu lujuria venciendo el temor de quedar expuesta y vulnerable a la crítica y a la incomprensión de tu compañero? Quisieras, aunque no es fácil.

Aún así los especialistas insistimos: hemos comprobado reiteradamente qué beneficioso resulta , a medida que se afianza una relación, aclarar –y si es posible, mostrar – cómo se masturba cada uno. Por qué? Porque es el primer paso para blanquear la biografía del auto-placer. “Para que sepas lo que me gusta. Animarme a contarle mis juegos y escenas del sexo a solas a él, fue lo mejor que le pasó a nuestro sexo en común. Mejoró mil.” Cuando ella le revela que cabalgar sobre su almohada –como hacía a los 11 años-- sigue siendo uno de sus momentos sagrados, cuando él se anima a confiarle que dos veces por semana – para saciarse o por mera libidinosidad-- mantiene un pacto de fidelidad con su mano derecha, el juego de la masturbación deja de ser un secreto pecaminoso. (Libre del peso de su historia, la palabra masturbación nace sencillamente del latín manus=mano y se refiere exclusivamente a los juegos con el propio cuerpo.)







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La sexualidad femenina sin secretos

Autor Sonia Blasco