Desde
hace unos meses salgo con un chico y, aunque al principio era muy dulce y delicado
en la cama, ahora sus formas son más bruscas. Asegura que no es capaz de
alcanzar la erección sin que medie estimulación oral de mi parte,
e insiste siempre en eyacular en mi boca, algo que a mi me resulta humillante.
¿Cómo podemos mejorar esta situación? Chus Górriz
(Burgos) En tu carta aparece un sentimiento
"inesperado": la humillación. Tan avasallador que se instala
como una barrera impidiéndote ver con claridad qué lo produce. ¿Te
sientes humillada porque, a pesar de pedírselo, tu compañero insiste
con un acto que te desagrada? ¿O porque víctima de viejos prejuicios
no puedes evitar pensar que si él tiene sexo oral contigo es porque te
trata como a una cualquiera? Es decir: ¿Te sientes humillada por tus propios
prejuicios o por la desatención y el descuido de tu acompañante?
Después del coito vaginal, el camino más frecuente de alcanzar
el orgasmo entre las parejas es el sexo oral. A pesar de lo habitual, la mayoría
de las mujeres rechaza que su amante le acabe en la boca. Y algunos hombres reaccionan
con desagrado por lo que suponen una falta de aceptación y una muestra
de desamor . Pero no se trata de eso: a muchas mujeres, simplemente, no les gusta
el sabor ni la consistencia del semen más allá de amores y entregas.
Aunque en alguna oportunidad, una mujer pueda elegir hacerlo para darle el
gusto a su amante, debe tener en claro que es una elección libre y no un
imperativo masculino. Si es pura obligación, se confunde con un castigo
y crea malestar con una misma y con el compañero. La unión sexual
puede ser origen de muchos malos entendidos. Fundamentalmente porque los deseos
de uno y de otro no suelen coincidir. Si él te pide que lo chupes -y a
él ese acto lo llena de placer-- puede dar por sentado erróneamente
que a ti te despierta un placer semejante. Si tu sientes disgusto o repulsión
y no se lo manifiestas, él insistirá en su pedido. Y tu puedes deducir
-también equivocadamente-- que él te descuida ya que insiste a pesar
de tu sufrimiento (callado). Si no especificáis qué te gusta
a ti y qué a él, si no podéis hablar de los deseos de cada
uno, si mantienes el error por miedo a mostrar tu disgusto, si él no acepta
tus predilecciones, aparecen el malestar y el sufrimiento. Sellar la boca y juntar
broncas no sirve. Sólo trae resentimientos y la suposición de que
tu amante se aprovecha de ti o te maltrata. A veces no se trata sólo
de gustos o paladares, sino de prejuicios. Tanto nos enseñaron a callar
las manifestaciones del cuerpo, tanto nos hemos habituado a esconder excitaciones,
lubricaciones y goces, que ahora nos cuesta aceptarlas. La repulsión que
suelen tener algunas mujeres hacia sus propios genitales se puede extender a los
genitales masculinos, a sus aromas y sus fluidos. Si se trata de un prejuicio
es aconsejable desentrañarlo y combatirlo ya que entorpece tu placer y
limita tu goce y el de tu chico. Forzarte a gozar tampoco sirve. La exigencia
no es un buen camino para el placer ni para el bienestar de los amantes. Si no
te gusta chuparlo, no quieres recibir el semen en tu boca o no quieres tragarlo,
díselo con todas las letras. Trata de ser específica y rechazar
solo aquello que no te gusta, no todo. Si no lo tienes claro, convérsalo
con él y vayan probando, paso a paso, qué y cómo te gusta.
Exprésate con claridad y asegúrate de que él te haya comprendido. La
humillación que tu sientes puede provenir de que están en pugna
tu deseo y tu prejuicio. También porque no te sientes cómoda para
expresar tu disgusto, o porque eres forzada, a pesar de tus quejas, a aceptar
algo que no quieres. Tomar en cuenta tu deseo - no tu prejuicio-te ayudará
a defender tu punto de vista frente a sus posibles argumentos. Si pese a ello
él se hace el desentendido y no cambia de actitud sería mejor encontrar
un compañero más considerado y amoroso contigo.